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Llegar a la ancianidad con una respiración natural nos facilita un mayor estado de salud.

Actualizado: 19 jun


La respiración en la ancianidad es la consecuencia de cómo hemos tratado nuestro cuerpo, especialmente el sistema respiratorio.


La biodinámica respiratoria es la función fisiológica más significativa del ser humano.


Un bebé respira con un patrón respiratorio natural: el tronco se expande en seis planos, en una respiración completa y en un solo tiempo. Poco a poco, debido a los avatares de la vida, puede tender a perder esta forma natural y verdadera de respirar.


Además, al entrar en la tercera edad y según avanza la ancianidad, la respiración tiende a ser más torácica, llegando incluso a ser clavicular.

Si logramos devolver a nuestro cuerpo su forma natural de respirar, estaremos haciendo medicina preventiva. El organismo mantendrá mejor la salud y llegaremos a ancianos con una respiración óptima.


Es de suma importancia ejercitar la musculatura respiratoria y mantener flexible la estructura de los pulmones (parénquima pulmonar), el árbol bronquial y los setecientos millones de alvéolos (tejido de elastina, no muscular), lo cual nos proporciona salud en todo el cuerpo.


Nuestra misión es velar por el óptimo funcionamiento del sistema respiratorio y mantener la estructura corporal elástica y funcional.


El deterioro ocurre cuando uno se va “dejando” y no se cuida lo suficiente. Entonces, las funciones corporales van perdiendo su armonía de manera acelerada.

La consecuencia es un conjunto de deficiencias propias de la edad, que se acrecientan por la dejadez.

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